El ahogo económico provocado por compromisos crediticios impagos retrasa severamente la recuperación del consumo minorista. Asimismo, los elevados recargos financieros, junto con la pérdida de capacidad de compra, fuerzan el cierre masivo de establecimientos tradicionales.

El sector mercantil de la capital correntina atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años, inmerso en un escenario económico adverso donde abundan los locales vacíos en el centro y predomina una marcada caída en las ventas. Ante costos fijos cada vez más elevados y un mercado financiero con tasas desreguladas, los comerciantes aguantan y esperan a que la situación mejore.
Las mediciones en fechas clave de consumo –como el Día del Niño– ratificaron un balance negativo que golpeó con especial fuerza a rubros como jugueterías y librerías, cuyos volúmenes de venta cayeron marcadamente en comparación con el año anterior.
El trasfondo principal de esta parálisis comercial reside en el severo nivel de sobreendeudamiento que arrastran los hogares. La capacidad de compra de los consumidores se encuentra asfixiada por compromisos financieros previos, lo que les impide incluso aprovechar los beneficios que ofrece el mercado.
En este sentido, la acumulación de deudas con tarjetas de crédito durante meses inhabilitó a muchas familias para utilizar sus medios de pago habituales. Se genera así un círculo vicioso, ya que las promociones bancarias siguen siendo la principal herramienta de venta, pero pierden efectividad si los clientes no tienen crédito disponible.
Frente a la pérdida sostenida del poder adquisitivo y el costo del financiamiento, los presupuestos familiares sufrieron una reestructuración drástica. La prioridad absoluta de los consumidores se centró en cubrir las necesidades de supervivencia diaria, como alimentos, medicamentos, servicios básicos y salud privada.
Con los ingresos destinados casi íntegramente a lo esencial, el margen de dinero disponible para otros rubros se redujo al mínimo, dejando al comercio tradicional a la espera de un alivio financiero para reactivar sus ventas.
Este ajuste presupuestario convive con un sistema financiero signado por la liberación de tasas y costos de refinanciación desmedidos. Al respecto, en diálogo con República de Corrientes, el presidente de la Asociación de la Producción, Industria y Comercio de Corrientes (Apicc), Augusto Massochi, advirtió sobre el impacto del libre mercado en los deudores: “Los intereses más altos son los punitorios, esos son altísimos porque están liberados al mercado. Por ejemplo, cuando pagás el mínimo y arrastrás deudas con tasas de refinanciación de 80 % o 90 %; en otras plataformas o aplicaciones los intereses rondan entre 400 % o 500 %; es usurario. Esas son las reglas que impone el mercado, pero hay países donde el Estado regula para evitar ese tipo de intereses tan altos”.
Son momentos
que hay que tratar
de pasar esperando que cambie la mano para el comercio y para la gente”AUGUSTO MASSOCHI
PRESIDENTE DE LA APICC
La crisis del sector minorista se refleja con claridad en la peatonal Junín, el histórico paseo comercial de seis cuadras de la capital correntina. Aunque los comerciantes resisten para mantener sus persianas levantadas, la presión de los costos fijos obligó a muchos a replantearse su ubicación en el centro.
Mientras la arteria principal mantiene cierto recambio, las zonas linderas sufren el mayor impacto. “Donde más se nota la cantidad de locales cerrados es en las arterias paralelas a la peatonal; ahí hay muchos comercios chicos que lamentablemente cerraron sus puertas”, señaló el presidente de la Apicc.
Para evitar la vacancia de inmuebles –una situación perjudicial tanto para el entorno urbano como para los dueños, amenazados por impuestos y gastos fijos–, el mercado inmobiliario comercial comenzó a flexibilizarse mediante acuerdos directos entre partes.
“Hay muchos que arreglan de manera directa con los propietarios para tratar de subsistir. Al propietario tampoco le conviene tener los locales vacíos; por alquilar están bajando, sé que algunos ya están a la mitad y los plazos de pago están más flexibles. Hay que buscar la manera de poder cobrar, sobre todo al comercio, porque la situación está dura y hay poca venta”.
El reordenamiento del espacio comercial en la principal vía de la ciudad viene acompañado de la aparición de nuevas tendencias económicas. Según reveló Massochi, los inmuebles que logran sostenerse o renovarse en la peatonal Junín están siendo ocupados progresivamente por establecimientos de capitales orientales, impulsados por la apertura de importaciones.
Para el dirigente empresarial, este fenómeno evoca modelos económicos pasados que no dejaron buenos saldos para la industria y el empleo local: “Es como volver a los años 90, donde empiezan a ingresar productos importados y, en muchos casos, de mala calidad. Son momentos que hay que tratar de pasar esperando que cambie la mano para el comercio y para la gente”, concluyó.
Más de 20 millones de argentinos están endeudados con bancos, billeteras virtuales, tarjetas de crédito y otras entidades que les otorgaron préstamos personales, mayormente destinados al consumo. De acuerdo con los últimos datos oficiales, un cuarto de los deudores (26,1 %) está en mora. Y el monto de las deudas en situación irregular llega al 17,5 % del total prestado, un crecimiento abrupto respecto del 4,2 % registrado a fines de 2023, cuando asumió el gobierno de Javier Milei. Mientras tanto, la inflación interanual viaja hoy al 33,8% y los salarios registrados corren por detrás, aún debajo de los niveles reales de fines de 2023.

