Delegaciones de varias provincias y países vecinos recorrieron extensos trayectos para encontrarse en la Basílica. La emotiva muestra de devoción finalizó con oraciones, momentos de profunda fraternidad y un mensaje enfocado en el cuidado de la salud mental.

El agua caía de manera incesante y el cielo amenazaba con volver aún más pesado el viaje, pero nada de eso logró quebrantar el espíritu del nordeste argentino. El sábado, desde las primeras horas, las rutas que conectan la capital correntina con el santuario de la patrona del NEA se transformaron en un verdadero río humano de fe.
Contingentes de jóvenes pertenecientes a las diez diócesis de la región comenzaron su travesía de manera escalonada para desandar, a pie y bajo la intemperie, los casi 70 kilómetros que los separaban de la Casa de la Madre.
A lo largo de toda la travesía, la estampa de la devoción se repitió kilómetro a kilómetro: pisando charcos, resguardándose bajo ponchos impermeables improvisados y empujando bicicletas, caminantes de Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones y Santa Fe –a los que se sumaron peregrinos llegados desde Buenos Aires, Salta e incluso de la vecina Paraguay– avanzaron sin detener el paso.
La lluvia no dio tregua, pero la respuesta fue una sola: cantos que hacían vibrar la ruta, oraciones compartidas y banderas multicolores que flameaban contra el viento.
Mientras la marea de peregrinos avanzaba paso a paso a pura fe y esperanza, el pueblo de Itatí abrió sus brazos para recibirlos. Desde la tarde del sábado, sus calles y accesos se llenaron de un movimiento constante de colectivos, autos y cientos de ciclistas que llegaban exhaustos pero con la alegría reflejada en el rostro. La basílica se mantuvo despierta durante toda la noche, manteniendo sus puertas abiertas y ofreciendo misas a cada hora para abrazar a las familias y delegaciones que arribaban cargadas de intenciones, promesas y profundos agradecimientos.
La vigilia del sábado dio paso a una madrugada fresca, donde la neblina se fue disipando despacio para dejarle lugar a un sol radiante que iluminó la fachada del templo. Al despuntar la mañana, una multitud emocionante —con cerca de 400.000 peregrinos que rotaron durante todo el fin de semana y más de 50.000 fieles reunidos frente a la Basílica— colmó la peatonal y la plaza principal entre abrazos, cantos y un clima de fiesta que contagiaba a todos.
Uno de los momentos más conmovedores se vivió cuando la imagen peregrina de la Virgen de Itatí salió al encuentro de la gente. Al bajar hacia la explanada, la multitud se unió en un solo aplauso entre vivas, cantos y lágrimas de emoción, recibiendo a la Madre que volvía a abrazar a sus jóvenes en este reencuentro anual.
A las 9 comenzó la misa central de esta 47.ª edición, presidida por el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, junto con los obispos y sacerdotes de la región.
En una celebración enfocada de manera especial en el mes de la prevención del suicidio, Larregain compartió un mensaje lleno de calidez y cercanía, con un fuerte llamado a cuidarnos entre todos, escuchar a los demás y priorizar la salud mental con empatía y comunidad.
Misa central
Recordando el pasaje evangélico de la mujer que se acerca a Jesús sin palabras, solo con sus lágrimas, el arzobispo destacó cómo el Señor no juzga ni condiciona, sino que mira con dignidad y devuelve la esperanza. “En este mes dedicado a la prevención de los suicidios, la Palabra de Dios nos invita a detenernos ante tantas personas que atraviesan situaciones de dolor, soledad, angustia o desesperanza. No siempre conocemos lo que sucede en el corazón de quien tenemos cerca. Por eso, prevenir también significa aprender a mirar, escuchar y acompañar”, expresó.
Asimismo, enfatizó el rol activo de la comunidad frente al sufrimiento ajeno: “Hay momentos en los que una persona necesita, antes que respuestas, alguien que permanezca a su lado. Una presencia que no juzgue, que no minimice su sufrimiento y que pueda decir sencillamente: ‘Estoy aquí, podés hablar conmigo’. A veces, un gesto de cercanía puede convertirse en una puerta hacia la ayuda que se necesita. Cuidar no significa pretender resolverlo todo. Significa acompañar, escuchar con respeto, animar a pedir ayuda y favorecer el encuentro con profesionales y espacios adecuados de atención. La fe no reemplaza la atención psicológica o médica; por el contrario, puede impulsar a buscarla”.
Concluyendo su mensaje, encomendó a la Iglesia a transformarse en una casa abierta: “Pidamos al Señor que nos enseñe a mirar como Él mira: con compasión, sin prejuicios y con esperanza. Que nuestra Iglesia sea siempre una casa donde la vida sea recibida, cuidada y defendida; una comunidad capaz de decir, especialmente a quien atraviesa la noche: ‘No estás solo. Tu vida tiene valor. Tu historia no termina en este momento. Hay un camino que podemos recorrer juntos’”.
En el tramo final de la celebración se dio lectura al Manifiesto de la Juventud del NEA, reafirmando el compromiso social y espiritual de los jóvenes de la región, y se llevó a cabo el emotivo rito del traspaso de la imagen peregrina, donde la arquidiócesis de Corrientes entregó la custodia de la Virgen a la diócesis de Formosa, sede receptora de la próxima edición.
Con la bendición final, la multitud despidió la imagen de la Patrona del Nordeste entre pañuelos al aire y vivas a la Virgen, emprendiendo el regreso a sus comunidades con el cansancio en el cuerpo pero el alma renovada, llevando consigo la certeza de que ninguna tormenta puede apagar la fe y la promesa firme de volver a encontrarse.

